23/8/19

poema del 23 de agosto



A Carina Valente


“Veo el poema en tus ojos, no dejo de verlo y el poema crece en tu mano”
Yo mismo

Tu boca es un cielo redondo.
Tus manos modelan mi cabeza negra con el barro que queda en tus sueños.
Te peino las palabras de amor, pasamos juntos el rastrillo por la arena azul.
Me das trozos de mar, te doy infinitos
y me das el sol en un vaso de leche
y te doy un árbol cuyos frutos son tus ojos
y me das la flor azul de tu pensamiento
y te doy mi reloj parado en la hora de tu iluminación
y me das el pájaro de tu vientre
y te doy viejas palabras rotas
y tu me alimentas con palabras nuevas.
Te doy una red de luz
Y me das un día de verano junto al río.
En tu boca redonda paseo, el cielo, la luz de tu cuerpo
Y nunca piso tu sombra,
Nunca piso tu sombra
Por no pisar tu luz
Y tu recoges mi sombra y te la echas sobre tus hombros de plata,
Te cubres con ella,
Con mi sombra pisada por extraños
Y te doy un pequeño caballo
Y me das el sol dentro del sol,
Y me señalas la estrella del verano,
Me giras para que vea el mundo lleno de amor.


11/8/19

PLANTAS CON ZARCILLO, 11 de agosto.



Al
salir
de
estas
palabras
ya
de
noche.
“Ich sah meine Pappel
hinabgehen zum
Wasser”
Y con
el papel
de un solo álamo
dos libros.
En los dos
un mundo
lleno de chopos con nudos y charcos,
como
el As de guía
o el Ballestrinque,
charcas de ojos
que no
olvidan el mar,
someras
donde cieno y alma se enturbian
al salir el yo.

(Ego bueno)













Corrientes
en las
que
me
deshago.

Todos
los veranos
son
el
mismo
verano.

(Alardos)















Cae
desde
palabras
nomotéticas,
despreciables
si las
abre
y mira
dentro
de ellas
el amanecer.

(Naturaleza)










Oye este árbol,
el à peine
que dura
más que el ayer,

la leche
pierde
el color
en la tierra,
la nieve
el silencio.

El brillo
es apenas
para lo que dura
una palabra
quemada.

(Apenas)









La rata
de agua
deja
su estela.

Abre y cierra la luz
como
una palabra
se abre
y se cierra
al mundo.

(Rata)











Talavera, 2 de octubre de 2018

Entre
estos
dos momentos
el aire negro
arrastrando
hojas de oro
peinando
la tierra
entre
otros
momentos.

(Instante)










Aquí un poema que brilla, recién escrito, y por eso brilla como hojas de álamos tras la lluvia de verano, y no hay alguna palabra maldita echada a un agujero, o que sirva para remendar el instante. Ningún pájaro disolviéndose en mis ojos, con que le caiga la pluma negra que tarda tanto como el verano en posarse en la nada, porque hay una gran nada con arcos de paja, un rosario de conchas colgado en una rama –óyelo- oye ese rosario, las conchas negras recordar el mar con sus golpes en la nada. Mientras tanto brilla el poema recién escrito, la tinta, la sangre de ángeles y pájaros, y brilla por ti, ese es el único secreto del poema.

(Secreto)














La noche
de pájaros blancos
que cazo
con linternas negras
en ese sol azul
de cielo rojo. De noche negro en un cielo amarillo.
Y entro en un cuadro,
en una red de aire y sed,
en el que hay un camino de piedra que no se ve,
lo sienten mis pies.
Aún no está pintado, no se ve nada dentro.
Él hace que te pierdas allí y que salgas en otro cuadro de nieve. Te dice, somos restos de tiempo, lentos pájaros que caen en la nieve. Su calor aún, después de su vida, derrite junto a palabras de amor el blanco de la memoria.
Después
en el agua
de charcos azules
bebes el cielo.

(Un cuadro para ti)












Talavera, 8 de julio de 2019


Rodeado
de fuegos
en este día
virgen
el podador
busca
tus
nervios
en esa
red
llena
de polvo.

(Calor)


















10/8/19

PLANTAS CON ZARCILLO, 10 de agosto


El vacío
que llenas
con montañas
y tu aire vacío
y tus montañas.
No pesan,
pesa
sólo la nieve
algún día
y la noche
se lo lleva todo
muy alto.

(No sé)










Bajo
los árboles
óyelo.
Bajo
tantas hojas
y sobre
las raíces
óyelo
abajo
y arriba,
esto mismo,
las mismas palabras
que lo destruyen.

(A ti)












Una vida terrenal indevastable
Peter Handke

Campo gris del verano, ramas secas dentro de mi camisa, el aire la hincha y se ven las ramas, la palabra se hincha y se ve el fuego, y este campo gris con un pequeño río detenido bajo el cielo inclinado que se hiela y se rompe. Días que no dejaran ayer. Me como un animal de leche, y aún todo es casi alma, casi yo, lo como sin miedo a comerme. Es lo que hacemos al tragar lo lechal, el fármaco. Ese miedo azul con el que hablo, le digo no a todo, los no, que se hinchan como la madera y lo celebro. Curo abriendo mi casa al sol y el miedo entra a descansar. Debía elegir un árbol, algo me decía elige un A. esa voz no dejaba de inundar el cuerpo, decía, un árbol para que comprendas y te pese algo, y no lo podrás llevar. Me negué a la voz, a lo que decía. Con esta fe en nada, la fe a la que miro. Sólo busco con los ojos, visto de frente todo gana, expuesto carece de alma, como una quilla sin costillas. Imposible describir la tormenta aunque estés dentro, o ella dentro de ti. Sólo la lejanía, nubes como rosas negras desmenuzadas a lo lejos –dentro de los ojos rayos y una cortina de agua- Sólo puedes hacer de esa lejanía una humana relación con la nada. Si se cierra una palabra en tu muerte, la abre el sol para siempre y entran hormigas de una noche a otra. Ayer se ha disuelto y no quedan más que flores y voces, más secas y oscuras ya no distingo la mía, que crecía y se hacía oír entre las otras, y para durar más que ese río que pasa por encima y oyes de noche en un vado de aire. Ayer ha dejado sólo una grieta azul en la noche. Los ojos cerrados se han convertido en puertas, su peso azul, la madera que se llena de luz –están siempre abiertas- Entra por la puerta, y si cabes en mi ábreme los ojos desde dentro. Todo ese azul fuera de los ojos cabe en una semilla que dará otro azul y una claridad espesa donde los pájaros abren huecos, topos del aire que abren con su vuelo la luz.

(Campos de Castilla)








Bajo
las piedras
sonidos
de estrellas
y en el río
el polvo.

Me veo
detrás de todo.

En esa flor
que se convertirá en nada.

(Algo)



7/7/19

PLANTAS CON ZARCILLO III -miguel ángel curiel-


El nombre de las cosas ya no está en las cosas, esparcidas en la hierba sin nombre, son la   este daño viene de mi. Abierta la lata me vi, me probé, y me hablé, le hablé de ti. Del agua vuelve quien murió. Allí la montaña del perdón,  el Calvitero. En la nieve un ladrón de almas. Un espinazo al que se le adosa barro. Se mueve, luego se seca y se rompe. Quien es bueno le llama.


(Paseos)














Sabías que sólo al fin sabía yo tu nombre, le habría dicho a la putrefacta memoria, páramo de yeso ¿y qué crece de mi en ti? Un álamo quemado con su sombra sumergida en el agua, posada en el cieno, flota un hueso y un pájaro muerto. Había un apeadero de tren, el nadie allí de todos, el nadie de seca hierba en la lentitud de un día cuyas sombras parecen armaduras, el mundo transparente no se deja herir con palabras. Este silencio negro y amarillo, el bochorno de la tormenta por caer. A lo que me agarro, en lo que me sostengo al entrar en algunas palabras, como sol que está oscuro, o mar, que es un páramo seco. El aire arrastrando las hojas contra el muro, algunas palabras están más arriba que otras, más cerca de los pájaros, y otras casi enterradas, la maravilla y la hiedra tienen zarcillos, al salir de estas palabras ya de noche, el carricero al final del día habrá llegado al sol: a ojo lo ha medido, y a ojo ha escuchado amanecer, del ayer sólo queda la fiebre de las cosas, y de la luz seca un río de aire muy arriba. Mira esta hierba nueva, huele el cielo: a la madre muerta, que es tierra: pondrás una trampa para almas, una boca abierta: me ha dicho que no sé escribir, todas estas palabras suturadas, huele el cielo: el ángel es todo un páramo, ahora de nieve, la paramera sin ángeles: tapa el mar con el mal: yo, escúchame, mírame, ego (…) te hablo por detrás, por favor, pliega este ángel de sombra, óyeme tu, oye este árbol, el apenas que dura: la leche pierde el color en la tierra, la nieve su silencio, el brillo es apenas para lo que dura una palabra quemada. Mientras espero la tormenta que se forma, desde la mañana a la noche, de día a día, ya en la tarde hacia el final de la tarde,  en el apeadero del nadie, una espera a lo que se forma, como si fuera la respiración la que forma el pulso, la tensión de los nervios del mundo: insolación, amor vertical, ascensión, música y electricidad, aves que han escarbado el polvo del aire dentro de la nube: bajo estos pinos que paran la lluvia, en una tierra pobre de margas rosadas y yesos blancos, como viejos nombres de mujer, en los trazos que la muerte va dejando, lo hacen ramas que se dibujan a sí mismas en el aire: volver a leerlo no quise, un perro que se come un libro, un perro que tengo que matar, que se come un libro “Die Doggen der Wortnacht” o llamar a eso tu, callarlo para siempre, eso, Sheleg lo llamé una vez, no se lo podía llamar nieve, me coloqué de espaldas al sol y al mar para no soñar: el agua más nueva es la vida, nada más nacer es el espíritu, la nieve no es agua: un poema para nadie es nieve. No se puede destruir la palabra, matarla, cambiarla por otra: llamar a eso Sheleg mientras nace. Nunca será agua.


(Apeadero)



















“Un poema contra otro poema y dos paisajes”
 moi-même


en la concreción del alma
necesité del polvo en la luz,
de las ramas secas de la niebla que sostenían el cielo
las capas de luz de los instantes,
meter mi mano en la leche,
el sonido del mar
en estas montañas silenciosas,

y cuando encontré el fósil de mi yo,
en la desintoxicación de mi
veo las carabelas portuguesas en el cielo,
los pájaros negros de la sed de
(de un yo que crece con zarcillos)
en la médula de ella,
un palo tutor hacia el cielo.
“Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi,
quem tibi finem di dederint, Leuconoe,
nec Babylonios temptaris numeros.”


(A Leuconoe)



30/6/19

PLANTAS CON ZARCILLO II -miguel ángel curiel-


Después de ti
hay otro ti
o ese antes
de ti,
el ti
roto.
El ti
que me echa fuera.
Y el ni-ño
rompe
estas palabras
se-cas.

(Ti)










“Tierra vieja”
m.a.c.

Las hierbas
marinas
guardan
la sal
de los
sueños,
en el páramo
las hierbas
secas
son
los sueños.

(Öldland)
























Oye
la música
salir
del sol
y cierra
la mano
para no oír
el río
que suena
en sus
sienes.

(Ponsul)













La luz del muerto solo la ve el sol y un pájaro muy lejos, él dirá siempre no, se le llama, ven a nadie. Brotar si, ese si para ti, y sale algo de ello lleno de luz, un si que es la última palabra, se parece a un hueso del silencio, a una vértebra negra, al viento que ha parado, tenía que entrar dentro de él, para ver lo que hay en el si y brotar de algo, lo que brota no es para ti, el si llega más lejos, no es seco, no está muerto, parece hierba seca que ha sido cortada para olvidar, pero no puedo entrar en las palabras de otro, son como piedras en el cielo. La clave era la luz, una clave que no podía tocar al entrar en una luz mayor, en lo cenital, el secarral extenso que podría ser tu alma antes de la lluvia, la rama apenas nota el peso del pájaro, no creo que sea hermético esconder en las palabras la luz de ayer, en cada una está el infinito o la muerte, la más vacía se llena de ti.


La nada, la desoída que me va a dar el poema con el que  alejar la muerte. “Il groviglio dei sentieri possiede la mia cecità

(Si)








Anonimus Anima Mea, vivimos del polvo que levanto. Él que nunca dice yo, casi no habla más que una hierba que sale de las paredes. Unas ramas secas de ti saliendo de mi.

El tintinnabulum del aire
me guía.

(Asthma I)








En la oscuridad se ven las luces, la cerilla que enciende las velas, las  torcaces  que entran en la noche, y nunca se pudre esa luz. ¿Qué ocurre con las nubes que no llueven? Lava mi yo, lava el mal, y el polvo de las zarzas. Las palabras que se disuelven en el mal, Overhead, las dos palabras que dicen cenit, un buen injerto en el Overhead de tu vida, en una rama de sauco otra de serbal. Cantas en un túnel con las torcaces muertas, dice el poema, a la entrada tantos oyen el siempre ahora ya será nunca. La sombra de un cable de acero este poema. Mas alto no se proyectaría sobre el campo de yerba seca en el que dibujan almas los domingos. No me dejan entrar las palabras en mi. Se rompen solas en la nada. No hay álamo feo, cuando cae tiene que ser levantado. Entonces se borra. Úneme a algo oí, lo oí todo, ese úneme a todo (eso) me hacía ver más, el úneme a algo hasta no ver. Oía astros muertos, el úneme a algo decía ¿a que? Y veía mucho, no soportaba ver tanto, vaciar el alma. Secarral, viento y polvo, palabras para que el ciego vea. Se secan despacio, entran y salen de la vida. Para que encierren el paisaje la luz no debe entrar en ellas, y como de todas las cosas llega la noche, él guarda la niebla dentro de sus ojos, y los cierra para siempre y no se escape ninguna voz de auxilio. Pero era un lenguaje prohibido, lo pisó tarde. Una lonja vacía es como el cielo, y allí escribía, condenado a escribir en la lonja [Lo que sale del mar se tira] Le caía del sol la lluvia.

(Cenital)










No vuelvas de la luz
¿Te acuerdas de mi,
de ti y de ellos? Ellos me quitan
los ojos,
y se los
llevan
al ayer.
Odia el sol,
nos odia,
pero no sabe decir que nos odia.
Me lo digo,
a mi
me odia más.

(Odios)