15/1/19

Dos poemas de Carina Valente



Dos poemas de Carina Valente


À vertigem para subir escadas dava a vida dentro de um vale
uma corrente sanguínea se viver colhido fosse tudo
ainda menos a fome dos mortos a chegar aos balcões
íamos ver se trazem os poços a luz deitada ao sol
ou possíveis pálpebras cansadas de tanto forçar
purgassem ser áspero estar lançado a isto


lugar de mariposas a outra hora já chegam tarde


duas vezes antes de começar só jejum 
pendurada em crer universos e asas 
frutas para escolher não fosse a rama apodrecer 
conquanto não basta vestir o casaco

é tudo olhar às escuras qual ser cego. 




                          ***




Osso de ferida mais adentro ao lume da paisagem
porque o odor seco dos primeiros Outonos era um fumo
depois as nozes os marmelos a cara toda ao futuro da memoria
na ponta das facas portanto os dedos uns nos outros
a tinta o fardo onde há mães afilhadas violetas

era Outono para ir ao Castanheiro
doze anos muitos pés a cabeça contrária ao tempo
fotografias nos móveis nas paredes nos balaústres 
a cadela viva no lugar onde está morta.


Seria melhor uma espátula para arrancar a crosta
às feridas feitas nos joelhos na testa nos cabelos
não são cicatrizes abertas à árvore cor de Outubro
é um silêncio para ver a história pintada de azul forte
ver a mulher do pontão cheia d’ água a dar de comer aos animais
a lembrar o tempo das castanhas a noite feita dos primeiros fumos

- doze anos ou onze não pudeste mais.




13/1/19

Un poema de Esperanza Vives

I love Bertolt Brecht.
La remor de les ones mentre dorms…compartir una paraula…la frescor del llençol…allò radical…das leichte... petits somnis…el camí de les vinyes …l’atzar … una cançó… alegria … despertar amb la pluja ...caminar descalza …el fred i la calor …die Duschseife …els matisos …la no violencia…l’aroma del café ................abraçar ...................................- te.

ETA CARINAE, poemas de 2019, finales enero, en construcción


Mi flor
es
la Zweifel,
seca
entre
costillas
que aplastó
mi honor.
Crece mi bulto
y lo llamo
bulbo de ti.
Cebolla
de todos los días de sol.

La cebolla
de los tres años,
de las capas de luz
de tu muerte,
y al desgajar los huertos bocabajo

Un trozo del cielo
se cae.


(Flor)




La mitad
de mi
es ya
superficial.

Me trasiego
de un alma
a un cuerpo.

Y me rompo
como una vasija de instantes.



(…)




Me abrazo
a un 
racimo 
de ti
y lo 
estrujo.
En esa oscuridad
veo
vidas
que se desmenuzan
como 
flores secas.
Me alimenté
de ella
y sentí el hambre del mundo.

Sus pedazos
de amor
están incrustados
en una pared blanca.



(…)




Un autista escribió este poema.
En él
morí
yo.
Tu fruto,
tu pequeño fruto.

Ella
se tiró del cielo
desde les baïnes
hacia les baïnes.

En la unción
de la muerte
llegar
al amor
por la piedad.

(…)






Tu trapecio 
cuelga del cielo
y el leñoso
pensamiento
de la
enredadera
trepa
por los 
huesos del ciprés
en tu jardín
de memoria
con el manzano
en el centro
de tu vientre
de humus
y ramas de podas.





(…)












7/1/19

ETA CARINAE, libro en construcción


Al volver
de nadar
el perro
muerde
mi alma,
el hueso
del tiempo
se lo lanzo
más allá
de la vida.

Aviesa
cencellada
de los
días
iguales.

(Pastor alemán)





Espacio
en el que purgar.
Pino
que cae
sobre
mi.
No hay golpe
sino
rectitud.
Algo que ha estado
tanto
tiempo sobre la tierra
deja marca.

Levanta polvo.

(Sao Miguel de Acha)




Vacía
[toda]
la vida
era un cangrejo.
Aún sobra
vida.

En el mar
una hormiga
sobre una hoja acicular.

(…)




Espero
la luz
negra,
la que se quede.
La lluvia
te eleva.

Duermo en el aire.

(Ela)



Tu vida es infinita.
Ahora no sé
como es
una vida así.
Se abre
para siempre.
Maldita sea
la oscuridad,
esa luz
tan fuerte.

Los golpes del sol
en el espacio.

Me veo
en el aparecer.

Me espigo.

(…)





La primera luz
me salva.

El día es largo,
las venas se lían.

El cielo
entero
un beso negro.

Me gusta morir
para vivir
más.

Corto el sol en dos.


(…)


Crece espina
de lo que nada crece.
Canta
la sinada.
La ciudad
de habitaciones negras.
El órgano infinito
por donde
huyen
las aves.

(…)

















5/1/19

JARAIZ, visto por Agustin Calvo Galan


TIERRA INCÓGNITA



Jaraíz

Miguel Ángel Curiel

Amargord ed. 2018

179 págs.



José de Val del Omar, artista inclasificable, poeta y experimentador, se definía a sí mismo como “creyente del cine”. Podríamos decir, parafraseando a aquel cineasta místico, que Miguel Ángel Curiel es un creyente de la poesía. A lo largo de su ya larga trayectoria, que se inició con el accésit al premio Adonáis en los albores del cambio de milenio, la crítica ha destacado de su obra la hondura y también la experiencia liminar entre el Eros y el Thánatos, así como su no amoldamiento a las actuales modas o modos de la poesía española. A todo ello yo añadiría que únicamente un poeta con fe puede hacer posible con sus poemas lo imposible: explorar o decir lo intangible.

Nos dice Curiel en Jararíz: “Todo poema mío es una zarza (…)” (pág. 113) o “Quien conoce el misterio ya no puede sanar con él” (pág. 35). Aquí la fe le permite entrar a explorar territorios desconocidos, enfrentándose a la paradoja de que el poema, o la palabra escrita, aparentemente solo puede expresar lo conocido, lo materialmente conocido: “El poeta quiere promulgar, decir lo que nunca fue dicho y nunca más volverá a decirse” (pág. 66). El contraste con buena parte de la poesía actual es importante, pues se asume lo evidente o, incluso peor, se hace certidumbre de lo banal, amorfo y trillado, –y no me refiero solo a esa pléyade de voces postadolescentes que ahora lo copan todo, editados y listos para ser consumidos por las masas, y que se cobijan bajo la viejo mantra de la poesía de la experiencia–.

Pero, centrémonos, tras El nadador (Editora Regional Extremeña, 2016) y Fabrica de la seda (El sastre de Apollinaire, 2017), Curiel continúa su exploración de territorios incognitos ahora en Jaraiz, donde aparecen, a su vez, trazas de sus anteriores libros: como la expresión de una conciencia en la que el devenir histórico no está formado de progreso triunfalista, tal y como nos lo cuentan las historias nacionales, sino de lo malograda que llega la creación y la libertad para poder encarar el futuro en la actualidad: “Como el mundo la poesía será cada día más pobre” (pag. 34).  

Por otro lado, para acceder a lo intangible Curiel usa todos los recursos que están en su poder, incluido se sirve de palabras y expresiones de otras lenguas, como la francesa o la italiana, pero especialmente de la alemana. De esta manera, con un trasfondo causal en el que se unen los idiomas de Valente y de Celan, de Teresa de Avila y Walter Benjamin, escribe Aschen (cenizas) deliberadamente, ya que la lengua alemana representa en sí la mayor de las contradicciones posible: expresión de una civilización ordenada que cayó en la barbarie y la arbitrariedad.

En Jaraíz la existencia del poeta se desvela ubicua en espacios y tiempos, con fechas y cartografías anotadas: Yuste, Coímbra, Coruña, Talavera, Lugo… y, por supuesto, el mismo Jaraíz que da título al libro; lugares, coordenadas por los que ha transcurrido y sigue transcurriendo Curiel en su búsqueda de una raíz fundamental, porque los territorios incógnitos están aquí mismo, no en otros mundos.

Asimismo, el poeta consigue enfrentarse al misterio mirando directamente a lo luminoso: plagando sus poemas de palabras como sol, ojos, girasoles, luz, etc. y mostrando una naturaleza que forma la verdadera materialidad y el nexos que permite la creencia: “La ventana está abierta, la rama tendida hacia el sol.” (pág. 57).

Al fin, los poemas de Curiel se hacen ligeros como el vuelo de las aves porque, en realidad, su fe le hace ser un poeta del aire, un aviador que sube a las más altas esferas de la palabra escrita y se adentra en la dificultad gratificante a la que un creador debe aspirar: nombrar lo inexplorado, desvelarlo. Porque ya lo dijo Val del Omar, –permítanme volver al gran experimentador–: “El piloto de avión sabe muy bien que lo más peligroso es hacer caso a aquella cariñosa recomendación que un día le hizo su madre: hijo mío, vuela bajo y despacito.”



Agustín Calvo Galán


2/1/19

JARAÍZ visto por Luis Luna


Miguel Ángel Curiel: “Jaraiz”

Por Luis Luna

Amargord, 2018, 179 páginas

Un verso de Nelly Sachs nos sirve para abrir el mundo que Miguel Ángel Curiel construye en Jaraiz, su último poemario hasta el momento. Dice Sachs: “y los ángeles ya sólo juegan con pájaros y flores/o sonríen en el sueño de un niño.” Este niño que sonríe es el intermediario poético que parece asomarse en las páginas de un territorio fragmentado en donde la autoficción sirve de base a un despliegue de momentos poéticos, momentos que oscilan entre la contemplación de la naturaleza y la indagación de la palabra poética. Por esta sucesión de fragmentos desfilan todos los apuntes que han merecido rescatarse para la luz, otorgándoles la categoría de palabra impresa. Hay en Jaraiz una voluntad de indagación, de llegar a la raíz o el hueso de la sensación, del afecto que provoca el destello de la escritura. Esa voluntad dibuja para los lectores un aquí y allá alterado, un tiempo que no existe más que en el devenir del libro. Un tiempo vertical que diría Bachelard. Es en ese tiempo vertical donde la persona poética puede detenerse y habitar creando una heterotopía. Jaraiz, el Jaraiz de Miguel Ángel Curiel, existe solo en sus palabras, en los fragmentos que nos llevan a Alemania o Lisboa, en las ramas de los árboles cuyo momento recoge el autor para decirnos su deslumbramiento.

Es esta precisión la que hace de este libro una obra mayor en la producción del autor. Ajeno a todo aquello que no sea su propia indagación de la palabra poética se produce un despliegue de metáforas sencillas, cotidianas que encuentran el cauce necesario para que podamos internarnos sin temor en su territorio, extrayendo aquello que nos sea necesario para una comprensión ya nuestra de lo aparentemente sencillo o inocente. Esta inocencia, que es la inocencia del pájaro o del agua, tal como él la describe, es la que permite la introducción de referencias a los autores que obsesionan al poeta o versos en otras lenguas. Se crea así un continuum propicio al fragmento, pues es en sus pérdidas donde el lector debe suplir con su propia creación lo que aparentemente falta.

Territorio fragmentado, Jaraiz resalta el camino que Curiel ha seguido durante los últimos años: un camino solitario y que hace de él un poeta casi de culto, pues su voz es una voz singular y única. Un poeta árbol, en permanente estado de crecimiento.


1/1/19

ETA CARINAE, libro en construcción


Figuras de polvo
que abrazo.

Amigos.


(A…)





Escarba
para ver el sol abajo.


El corazón

late
entre
dos paredes
de absoluto.

En la niebla
explotan
las tórtolas.

Allí la muerte
Invisible,
en la
imagen azul
que disuelven
las hojas,
vuelve
como una
nube negra.

(T. 27 de diciembre de 2018)



Mi perro
soy yo mismo
y tiro de mi.

Mi sombra tira de mi.
Ladro
tan dentro, son tan oscuros
los modela
el alfarero
de los huesos.

El odio es
de cristal,
se rompe,
es una palabra de nadie,
se come la luz
y tu sombra

el fruto negro
que rodáis
del uno al otro.

(Ellos)



A Javier Fajarnés

Un sol quieto –para que dragues de las aguas tus vacíos- Ese sol como una fruta azul en las cosas que mueren. Redondo, con un punto negro en el límite del círculo. Lo llamo semilla de la noche, esperanza o murclo. En el pasillo de los valles los ríos de oro en esos espejos de piedra. Hoy no se moverá la luz que resiste al instante, esa fruta azul. Palabras que rompo y pego, heme en ellas cerrado en ellas, con las venas de un pájaro un guante. Crece sol de la nada, la amapola negra. Esta barca de piedra flota hacia la cueva de tu sino. El Steuer o hueso del ciprés es la tibia del espacio. 

(Solsticio)



12/12/18

ETA CARINAE, libro en construcción


En alemán
la palabra resulta
cortante,
decirla hace
hace daño.
La hierba
rompe la tierra.
En la playa
de los muertos
la ostra del cielo
se cierra.
Dentro del pájaro
está el mar.
Ese es
el alma
y se mueve.
Nadie tiene
tanta fuerza
en los ojos.
Sus palabras
eran
huesos
de ti.
Suenan
en el aire.

La luz
crece con la muerte.



(Wütend)






 

El pájaro que se iza para no volver. Despide-lo, lo hace por ti. Allí quiebra la ruta para ir más lejos. Lo que le hayas dicho es el poema, da igual lo que fuera dicho, desaparece en el aire. El haiku austriaco dice, río de adviento, cuervos en los manzanos. Pide que no vuelva, que sea verdad la rotura, ese irse. Caería si no conservase la fuerza. Caería muerto. Lo hace el aire negro de la noche ¿llevan huesos las figuras de aire, mantienen una estructura ósea, quedan dentro de ti al respirarlas?

(Sin título)