viernes, 18 de noviembre de 2016

RESEÑA DE ÁNGEL LUIS LUJAN ATIENZA A TRABAJOS DE PURIFICACIÓN DE MIGUEL ÁNGEL CURIEL




TRABAJOS DE PURIFICACIÓN  DE MIGUEL ÁNGEL CURIEL
Por Ángel Luis Lujan Atienza
El lector que afronte en estos versos su primer contacto con la poesía de Miguel Ángel Curiel encontrará sin duda en ellos una esclarecedora aproximación a las claves esenciales (la heterodoxia imaginativa, la indefinición o la mezcolanza en una ambigüedad no deliberada de sus motivos temáticos centrales, las súbitas rupturas, especialmente en los versos finales,  del orden lógico del discurso, que obligan a un esfuerzo de síntesis  y reconstrucción una vez que el lector se había acomodado a una linealidad racional, la negación de la retórica tradicional en busca de una palabra afinada a su esencialidad, etc) de una de las escrituras más gozosamente atípicas del panorama literario actual. Y, tal vez sea en este breve poemario, más incluso que en  obras más maduras y acabadas como Por efecto de las aguas, Los sumergidos o Hacer hielo ,recientemente recopilados en la trilogía, más accidental que premeditada, que constituye El agua (Tigres de Papel, 2014), donde mejor pueda rastrearse la conformación de un motivo esencial para comprender cuánto de insólito atesora su ser en la palabra y su cosmovisión: el misterio, la fascinación por lo que presenta perfiles imprecisos o dudosos, como una paradójica certeza que ata a la vida y es su fuerza motriz  por encima de la obviedad ofensiva de lo real (¿Cuál de los estorninos guía a los estorninos? Un estornino invisible, una onda, un chillido inaudible, sostenido y más agudo que el violín de las ballenas), enunciado con el fervor de un rito religioso quizá por ser un primer paso a una secreta aspiración de no existir (¿Qué es que no es? concluye el poema “No”, desenmascarando cuanto de malintencionada apariencia hay en lo que se nos quiere ofrecer como vivo). Del misterio mana el instinto por transcribir su revelación y de este a su vez, en una lógica imperiosa del desasosiego, la fatalidad de la única conclusión que puede alumbrar: la poesía como un intento fracasado de reflejar el ritmo perpetuamente velado de lo no visible.
 Parte de esa metapoesía dramática son las reflexiones sobre la palabra que es un émulo impotente o directamente desustancia lo que nombra, o persigue una realidad que se diluye en la fragmentación de una sucesión angustiosa de huidas (La palabra se fue tras el pájaro, y el pájaro tras la luz. La palabra es pájaro. El pájaro luz, y la luz ceniza). El poeta siente la angustia de la elocución como un acto que no se puede hacer perdurable, lo cual sentencia a la poesía a su extinción tras el agravio aún mayor de ir de boca en boca, de lengua en lengua que es incapaz de comprenderla (Traduje esto, y al volverlo a la lengua original salió esto… Lo traduje nuevamente tantas veces hasta que desapareció… “Faut-il que j´écrive en vers pour me separer des autres hommes…”Como el mundo la poesía será cada día más pobre), una condena  inapelable al vacío con que el autor parece mostrarse conforme tras comprobar que su futilidad puede herirle a sí mismo y a los demás (Había un poema muy triste en la sexta hoja, como nieve pegada al rostro y una lengua de sal endurecida. ¿Debo decirle la verdad sobre su libro? ¿Debo herirlo? No quiero que me hiera. No quiero hacerle daño con mis palabras). La palabra se ha desgastado y, más aún, se ha envilecido en su contacto con la opresión del materialismo y la oficialidad (a los que sólo puede oponerse puntualmente un vislumbre de coraje y belleza como el que cimienta un poema como “Gato negro”), creando una orfandad verbal que ahonda en su desencanto hasta hacerse existencial (¿Cómo la amistad? llega a preguntarse el autor, tras resignarse a admitir la insuficiencia y la corrupción del lenguaje en “Lenguicorta”). El poeta desea que la impostura del poema sea devorada por la literalidad carnal de la vida que aspiró a reflejar (Cuando se cierra queda la ventana abierta, siempre abierta. Pero pon pena en el poema y te saldrá un pan. Que alguien se lo coma y no quede poema.) y es consciente de que la lírica, si aún es posible, sólo podrá darse en la pura fabulación irracional, en el delirio ya sin ambición de conformar un significado (Me fui a la ventana y corrí la cortina azul. Todo el mundo pasaba desnudo llamándome por mi nombre. Se oía el violín de las ballenas, y esos nombres de ciudades y pueblos chinos dichos deprisa. De arriba abajo ya son el más bello poema jamás escrito), en chispazos casuales, brillos que mueren en el instante de refulgir y cuya iluminación efímera no puede constituir un asidero vital (Acaso me alimento de visiones breves, cucharadas de vino).
Esta cartografía del fracaso encuentra puntualmente en este libro formas de expresión que resultan atípicas en el “estilo base” de Curiel, como una estética de lo grotesco y lo esperpéntico en un poema como “Gorila”, fantasía extravagante que sabe reconducir a su perenne obsesión sobre la progresiva futilidad y pronta extinción de la poesía (Este mundo es silencio. La tela ha encogido. Yo he mermado. El poema es breve. Es feo esto. Como un poema portugués traducido al chino). Igualmente, algunos de los momentos de mayor altura literaria del libro apuntan en poemas de una cualidad descriptiva y atmosférica a través de una técnica casi impresionista de concatenación o confusión deliberada de imágenes surreales y detalles reveladores tomados de la inmediatez doméstica que trazan un bosquejo de la desolación (El perro del perímetro, las tejas caídas en la mesa, el quejido de la nada, el espacio sin espacio, y a la izquierda, junto a las letrinas, el pellejo de un galgo muerto. El cráneo del galgo como una almendra pelada… parte de la letanía inquietante que constituye “Una fábrica abandonada”) o al menos un retrato de esa felicidad abocada a dejarse amordazar sin acometer la insurrección de nombrarse (como ese silencio, contaminado de ecos de vida reprimida, del excelente “Otra vez en Yuste”). Frente al desconsuelo, apenas puede oponerse la ocasional sensación de saberse en el centro de la plenitud vital, en la posibilidad de la certeza, pese a la lucidez que desvela el amor o la poesía como pertrechos endébiles para sobrevivir (Ese hombre que salió esta mañana hacia las cumbres con unas almendras y una carta de amor no sobrevivirá) o que la inocencia no puede resistir siquiera en la encarnación más consumada de la humildad que es un anhelo (De niño subía arena a casa. Esa arena, esa niñez. ¿No son ya lo mismo? Sólo arena. Quisiera llevármela conmigo al cielo. Lastrar mi yo. No cae. Hay una grieta de sabiduría, se resquebrajó el pan.)

En conclusión, un rescate literario pertinente como pocos, que atrapa la instantánea de una voz poética en la inminencia de crecer hasta la rotundidad de sus logros más firmes y potencialmente perdurables y que nos ofrenda, amén de un buen puñado de poemas intactos al desgaste del tiempo, una infinidad de rastros fiables para descubrir la mecánica íntima de su  singularidad entre nosotros.



martes, 15 de noviembre de 2016

15 de diciembre, primer poema de TOMA DE AGUA






“No juegues con las profundidades de otro”
Ludwig Wittgenstein


No me gusta subir tan arriba, cansarme de mi, oírme sólo a mi, cocer agua para soñar..El reguero me lleva, lo he hecho para unir soles negros. Regueros en la noche que se llevan el mal. Cuantas veces puedo decir soy alegre y subirme en mi mismo para ver como has crecido por no dormir. Mañana no habrá sol. Solo necesitamos esos nombres para vivir y decírselos a los otros, o callarlos. Los locos repasan listas, un conejo atravesando el mar, arces iluminados que la lluvia destiñe. Nubes que lamen el fondo, su propio barro, con forma de perro o barba del tiempo. Deja pasar unos años más, lana negra en las ramas. ¿Por qué en esta ciudad y no en otra, en esta calle, en este lugar caliente? Es una caja de cristal y todos te ven. No se puede vivir en esta ciudad, ni en esta calle. De noche comes, cantas y sueñas con un gran pájaro azul que se cae a trozos. Hay hombres malos ahí abajo, pero si les dejan solos durante el perigeo, con lunas de sal negra en las manos ya no responden y olvidan quienes son. Quien no anda muere. Es tan sencillo de decir que no se dice, por eso es frío el poema, pero en mi casa vivo, he ahí una clarisa descalza que se alimenta solo de hombres, ella sabe lo que se come la ciudad, pero no sabe mucho. Una puerta para despertarnos entregados al mal del amanecer. Aunque hay un orden en los árboles, y un ritmo en la vida tan natural que al final el poema es solo una costura de todo lo roto. ¿Y la aguja? Que oración iba a decir allí arriba que no agrandara mas el mundo. Al bajar soy empujado. Me habla otro que habla solo, y me repite el cordero que comí, el bien ajeno.

(Toma de agua)

martes, 8 de noviembre de 2016

PATHOS




PATHOS
                                              




















He creído en los pájaros negros, en el agua, en el humo de la madera noble que alguna vez fue una sombra caída en la tierra. He creído en el hierro doblado, en las palabras, y se han soldado los huesos del ángel a la rama de la nada. ¿Alguien sin huesos, una sombra, un enviado de la luz?






















Respiran acacias amarillas en las calles del sol. Arena de coches y sueños de trenes azules en la niebla. Chocan los cielos y me erizo. Las ramas del otoño son los huesos de la luz, la sombra es fidedigna, no la temas, el arado un hueso de ballena. El puente de cristal es de fuego, los rostros se desmenuzan en la mirada de los parques de polvo al caer el día. El hígado del mundo es la luna en un río de color negro. El aire limpia las casas de penumbra, la raspa es el poema, lo que queda de la luz en la mano, una radiografía del sol. En un muro de escombros había esto “El Tao genera el uno, el uno genera el dos, el dos genera el tres, y el tres genera todas las cosas” Un hombre ardía, sus manos y su pelo. Callad y escuchad la hierba.


















Calcifica con saliva negra las fracturas del tu. No sé, y ese no saber es lo importante, el verdadero misterio del no saber. Se revela y se rebela la palabra desdoblada: eso que se rebela en uno y se desvela en el otro: diferentes luces para entrar en el negro a buscar la noche.





















El chillido solar de la villanella rompe la copa de cava. Profanación del silencio nocturno en el que un ángel se come un libro. ¿Cómo pueden vivir en el veneno esos coros de la noche? Una isla en el mar se desplaza hacia aquí y chocará.
(Ciudad de cristal)























Intento de poema, 22 de enero de 2004 en Badajoz. Eco, ese eco era el poema. No te vayas aunque sea fácil esta vez irse nadando hacia el aire. El cristal de la ventana y el marco algo sucio por la lluvia y el vaho de los fantasmas o los inquilinos del ayer. Otro intento del mismo poema el 31 de marzo de 2004 en Béjar, junto al río Cuerpo de hombre. El eco.






































Goznes chirriantes, puertas que son portezuelas, por las que entra la oscuridad y el huésped de los llanos. Suaves colinas del Alentejo dulcificadas por un cielo duro que aprieta la tierra con la fuerza de la luz. Intento de poema el 14 de abril de 2015 en la ciudad de Serpa, distrito de Beja. El huésped de los llanos. Duele la mano al abrirla. Hace los surcos con los dedos muy abiertos, ojos empobrecidos por lo que en el ser sobrevive, solo el eco es claro. Palabras en la niebla, y cantos y voces de muertos. La ventana está abierta, la rama tendida hacia el sol.

(Serpa)




























Lo que hace la vida, desaguar con palabras el infinito. Tus ojos llenos de cardos. El destilador de la muerte en belleza licua la noche en luz negra. Salinas de almas.


















































A A. C., R. E., A. L. A., A. G., C. G.

Caminaba sobre hierros y cuerdas. Con la paja quemada en mis manos se calentó. Cansado de palabras que sufren la noche llega, y el día se cambiará de mundo. Corta el rizo del mar en una palabra negra. El que bebe luz bebe la muerte. Dile que se vaya, no hay puertas en el mar. Que un nombre tan frío de calor e ilumine al propio sol. Y se peinaba con la ola de la muerte, hojuela del amanecer. Entraba en los ladridos de miedo blanco. Es mi madre que ya no me ve. Desnudas el ágape o la aldaba con la que llama lo feo, el agua se iba por el argollón del mundo, y ellos, fantasmas de luz negra binaban la tierra negra de noche. Binaban la nieve, y el miedo. Su silencio amarillo murmullo azul, la paloma de sus sienes negras (habla solo, pero no para sí, a un ángel de ceniza le habla, y cada vaso de ceniza es un ángel, y le habla a la ceniza) Apago velas, no se cual de ellas eres. Nieve que suda en el hombre el verano negro. Dios diptonga, arrojó a la tierra los granos de la Gradiva. Dos noches en la que pájaros sin ojos cruzan el día. La piedra que chupo me sabe al mundo, no la desgasto. Las penas manan. ¿Qué haces con las flores que huelen? ¿Por qué no, si? Los pisamos, son higos que pisamos porque hay que llegar a la vida y abrir el cepo de la luz. Los músicos soplan las flores de la muerte para el aviador Florián Deleuzze. Arranco palabras y hierba. Las aves ven a otro muerto que echa leche por la boca, puente de luz, luna donde nace el aire. Lindar con los otros me corrompe, entra la luz en mi poema. Secreciones de palabras muertas.

(Elegía)














Las palabras erosionan la verdad poética, muerto flota el instante. Los girasoles y los cipreses rodean la ciudad. Amontono el granizo. El griterío como raíces de silencio dentro de mi. Manchas negras, otro poema muerto, 12 de abril de 2008, Coímbra. Manchas negras, dentro de las manchas rostros apagados, ríos crecidos, aguas rojizas, marrones, ocres. Disolución del mundo. Trozo de si; de lo que no puede trocearse cachos de mundo, fragmentos de palabras. Re-construyelas y díselas a Dios.

(Coímbra)
























A M. A. y C.V.

El telar aéreo, esquirlas en el suelo. Avispas en el pescado. Exhausto de ser tu en mi. Sin ganas de comer. ¿Qué es una realidad mayor? Carretera hacia el amanecer camino de la nada, sen seito ou sentidinho, como abrigar el dolor ante la nieve. El río y la carretera. Remeros de blanco, su ropa interior es negra. Al final copia un texto de su hijo. Muchas cacas de perro, palabras de perro, ojos de perro. Dios no existe, hay demasiados coches. Las campanas de Le Muy tañían dentro del sol. Decía ella “En todas las ciudades, en los pueblos, en todas partes, los escritores son gentes silenciosas. En todas partes siempre lo han sido” Cuando este camino plácido se embarró, fuimos por la hierba: perderse en el tiempo, ese era el único atisbo de eternidad.

(Vacaciones de 2008)























Papeles negros, habitación blanca. Galgos por la nieve tras los tordos. Sacudidas de banderas. Tartamudean los negros papeles en mi cabeza. Tiró una rosa al agua. Lacónicas solares, Talavera, octubre de 2009. Emanaciones de palabras.



































“Et in Arcadia ego”
Luis Cernuda

Junto a la toma de agua un largo surco, el horizonte es otro surco, lo extraño es que haya un árbol en medio, su sombra arropa la toma de agua. En el horizonte debería haber otro árbol como ese, aunque sin hojas. Le poète debe saber que aquel árbol nunca tuvo hojas y jamás las tendrá. Quema su silencio, su frío. La queja es una grieta de la que sale un buen canto para el amanecer. Mi alegría está en los huevos que son mis dos soles. Me escupe el cielo por esto,  en las largas mangas de los pájaros el hombre del agua dice valle quemado, si resurjo, debe ser así, primero la hierba para que la piséis, el río mas frío para el baño. Esa cabeza fuera del mundo es la mía. Un poema es un parte de nieve, deslumbra los altos lugares. Al fin da miedo ese poema. Ahora está en ti, y no dice mas de lo que no dice, las olas negras arrastran un ciervo muerto hacia el sol, un fuelle de gallo azul hay en la botella. Anégame -oí esto- miré mucho tiempo lo seco, seguí a la escucha y no volví a oírlo nunca más.  Leche de nube en el agua. No importa lo que dice el poema ni como lo dice. El nombre de la flor en la boca del muerto es justicia tinctoria, hocico de madera en vez de resaca. El mar quema los pies, a todos nos llama igual, sólo quiere felices, mover el sol un poco hacia los Baïnes, arrancar palabras vivas que hablen en la niebla.


















Ver en el blanco lo blanco, el espectro se agarra al delfín que desaparece en el silencio. Intento de poema, 7 de enero de 2013, Plasencia. El dialogo que entabla un hombre consigo mismo. Entierra la cabeza para hablar, es siempre difícil comer de pie, hablar de pie. Allí arroja el sueño al otro lado del muro. Las sillas están colocadas en círculo alrededor de las flores muertas. Pensamientos azules, flores del hielo, crocus malvas. Cáliz lleno de whisqui, el esqueje de hueso no vale. Lavar lo oído en la nieve, al monstruo. Cuando los ángeles fuman tus cabellos, cortan las palabras y estas son más cortantes. Así te absorbe lo azul. Caerás a la nieve lleno de culebras negras.




























Las desembocaduras de los ríos nos llenan de realismo. ¿Sabrás tu entregarte a la salada noche del último día? Touché del poema en ellos. Deberíamos recoger nuestra sombra, ir metiéndola poco a poco por la boca. Hija de mi hijo. Arde la sierra. El ojo se cierra para ver agua. Hombres encordados luchando contra el mar. ¿Se puede luchar contra la bronca del agua, la luz o el infinito? Ahora el viento tupe, aviva o reaviva? Y reabre lo que el poema cierra para acendrar-se.

(Oporto, 4 de julio de 2013)





























Flores de las ruinas, bochorno, día que se alienta en los paisajes distanciados, no tengo lengua solo lenguaje. Cola del viento, estela del día, imagen limpia, tras la estela negra el ángel, y yo lejos de él. Lo que te ve es lo que ves, lo que murmuras es lo que te habla. Nieva, atajo, yes-not, dos ojos quemados en la nieve. En la fábrica lunar huele a peces. El río seco de una estación de tren. Allí la última cosecha de chopos la arranca el sol negro.

(Arcadia)






























Solo con ver el paisaje se sabe que todos murieron. No deja de mirar el cielo con los ojos blancos. Un lugar que no se parece a nada. Miro el mundo, no hay nadie.

(Anchuras)

































Espero una voz amarilla/una puerta blanca/En el jardín negro del hospital marítimo la sal entra en los lirios de mar y en las siemprevivas/ en ellas guarda su dulzor negro/lo saco todo al mear/ hay la aridez y la arena de las que me salen castañuelas/soy un yerbajo del cielo/ puedo vivir sin querer/ secarme de no ver el sol/ el rocío es plomo de fiebre fría/y lo que la yerba no tiene es sueño/ El verano es breve en tierra de alisos/río Cuerpo de hombre/ como hielo y cielo, lo que he sido no fui/ así se llama el río/ no tiene nombre/ Hubo un tiempo en el que ladró contra la nada/ al sol ladraba/  y viejo fluía hacia los espejismos del mediodía/ya sin nombre/ ¿Cómo lo hubieran llamado?/ Casi olvido el mar/ él me olvida/ no quiero volver a verlo, ni que me vea/ sueños que se lleva el aire a la luz de unos días en la montaña/ pequeñeces como trocitos de oro que comes y cagas/ Quién perdona no absuelve/ la tierra está caliente y yo frío/ me enfría y la caliento/ pero no quemo nada/ me da miedo el sol/ Al fin me dan el caparazón.

(Coruña, febrero de 2014)





















Negruzco sueño, efervescente. Ardía en el? O tu, o alguien sin ojos. Araba memoria, la vacuna sueña en ti. Velas, no palmatorias de llamas negras, rojas, verdes, y allí de un oro pobre el sol de otoño. Palomas negras vuelven a casa. Me quito espinas, nada al fin. Ahora va a llamar alguien, quiere hablar y despedirse –la cabaña huele a cabaña- dentro de la puerta giratoria la boca, el grifo, la cerca. No soy ese, ni el otro. Negar y negarme, de esa negación este poco de luz.

(Jaraíz 24 de octubre 2015)





























8 de septiembre, intento de elegía, Talavera, sale un sol de otro, un sol amarillo de uno negro. La estación está al final de la calle. Te matará el sol. La ciudad ha desaparecido. Palabras que se traban en lo que dicen, licuación del silencio. El día da vueltas, la ciudad se quema. Una mano que suda el sueño, los tañidos se oyen en el futuro.


































“Imágenes de imágenes de imágenes”
José Ángel valente

Eso es materia, la gota de sudor que deja C. V. en la rosa. No puedo llevarme la acacia y el río a otro sitio. El ayer veo y el mar tras la pared. Estoy en China. El coral negro que toma el ciprés como penacho, a la mañana siguiente ya estaba mi novia por los caminos.


































A Paco Gómez-Porro

La habitación negra es blanquísima. Se lo oí Das Feld ist Kahl, aus ferner Höhe Glänset der blaue Himmel nur. Cortinas de luz negra. Desde fuera del mundo te lo dice, todo me llega del afuera. ¿Quién conoce el Anllons y quien se baña en el? El Azuer en el Guadiana, búscate más allá de la curva, en la bocana de algo donde un perro come fruta y un hombre basura, y un perro juega con un pájaro, un hombre con su muerte, y un perro corre tras el sol blanco, un hombre se come un perro. Llaman perro a un hombre y llueve sobre la nieve.






























Morir en el viaje. El riachuelo ha dejado un camino de arena negra.





































El poeta quiere promulgar, decir lo que nunca fue dicho y nunca más volverá a decirse. Así se lo coma la luz o se eche a morir en la hierba junto a las ciudades blancas. Abjurar o apagarse despacio, hablar bajito como una raíz seca. No duelen los ojos quemados en la hierba que entra en el hierro.































“¡Un lector!, ¡Un consejero¡, ¡Un médico! ¡En una escala de espinas, hablar al menos¡
Osip Mandelstan

La niebla lo vacía todo, no puedo abrir la mano. ¿Qué me queda de realidad? Rueda que no rueda. Una luz a la que miras para sentirte, el frío tras las operaciones de corazón. La caca de un ángel junto a la puerta. En el jardín carracas, tableteos para no oír las cornejas azules. El brazo dormido, la lengua dormida, la baba, las lágrimas, el sudor. Rezumar. Destellos húmedos de palomas en la basura. Cuando cierro el grifo me quedo ciego y veo ahí abajo alisos, fresnos y chopos amarillos en la sinuosa línea del río. Dulce y amarga llovizna, en el infierno llueve así. Y a ellos, a los amigos de Ratisbona, les he dejado dormidos y me han cargado de cielo. Mi voz seca entra en los otros para endurecerse.

(Regensburg 8 de noviembre de 2015)






















Pronuncia las palabras que desaparecen, las pronuncia mirando a los ojos al poder. Ya he leído el libro de la mañana, transparente a pesar del color de la tierra. Voy por el cordel de Cervera dándole la espalda al sol. La luz del día sube despacio hasta borrar los límites. En la habitación oscura un libro de P. C.

































El reuma es memoria, también yo extraño mi cuerpo.





































Si hiciese siempre este sol estaría loco/no reiría nunca/ Al hombre que nada el agua se lo come/y corta en dos el cuerpo del perro negro/ Todos los días hay excrementos de pájaro –con los que abono el sol-/ Son ellos el manantial del ser/ Me arranco la luz, no duele/En la noche de viento blanco hierba negra en el cuerpo vacío/Walter Benjamín no está aquí, ya no está/Yo soy tu, pero tu no eres yo, él es tu, por eso no eres yo/Yo podría ser él/Con sabanas negras las amapolas no se ven/ Tengo un bosque que es un amigo/Le llevo palabras para olvidarlas/Olvidé muchas/ Se alimenta de mi miedo/Y mientras el tu del poema sea un tu de carne y hueso/no un tu de boquilla/Corona de nieve en el pico/ Frío, carraspera, sueño, afonía/Algunas palabras mas que no encuentro/Deshechas, caídas, vacías/ Hiela por debajo de cero/ es bueno para el sueño y su alegría azul/ para que mate uno de los ojos/ not asesinato, si homicidio/ Mato el frío, lo quemo muy dentro/ Es natural el cielo, su chorro de agua saliendo de la tierra/ el sol con sus llaves negras/ las ovejas de aire/ der Klopfen, ahora traducidos como sueños/ Mi ángel es un angelillo/pesa poco/ Fuentes agrias/ también poemas agrios y fríos/ más bien templados/ Este hilo de voz lo cose la mano al sol/ Puntadas, y entre muchas este pinchazo de luz hasta que el hombre encarne al ángel.

(Golpes de sol)

















A la orilla del camino de sal fresnos negros. Los pájaros que chillan, nosotros que hablamos.




































Hablé con el mar, mecía una ciudad vacía que ardía. Los enfermos de sed con las ramas de su cuerpo, lo que se arrastra antes de volar.




































Esperadme a la boca del túnel. Este poema quema, manzana pelada. Anda tu hacia ti. Se abrió el día y todo estaba allí. Arrancó la corteza del árbol, esperanza de ellos. Lo mismo tarda el agua en helarse que el hielo en derretirse, hasta que el sueño se oscurece por si mismo y su espuma negra deja sal azul. En un poema áulico rodeado de campanas, no de campanarios, el amor es un pan negro mordido por ángeles. Me dolió escribir eso con el tulipán o la nada.

































A Rebeca Stein

Tiempo de paja, pajizo tiempo insulso. Una línea negra con fresnos y otra de hierba hacia el sol. Allí se curvan las líneas hacia el otro sol lejano, y al salir del mar, un baño de miedo dentro de la naranja azul. Ay!! El pozo con su rostro y su almendra que se hunde. Son redondos por el sol y la muerte que gira y la boca que mastica pan. No te tragues al ángel y bombea mas luz a este poema. Es oscuro, ahóndalo hasta ti, es redondo. Mi luz es este poema. Chute libre.  Azalea muerta junto a una fuente agria. En los ojos se deshoja el mundo. Estricnina, polio, moebius y hemofilia. El poema se llena de flores venenosas, hortensias, salvias divinorum y trompetas de ángel. Tú, lector de estos miedos ríete- yo de vernáculos, de injertos y amoríos. Mal poema. El peor de todos es el mejor. La ciudad blanca te llama  y desaparece tras el sol.  La veo envuelta en mi miedo y en el polen de la muerte.  He llorado sobre el miedo. Como el balbuceador he cantado “la tierra es yerro y hoja afilada, no reces por ella, no la pisotees” El relámpago ilumina el humus y cabezas con raíces eléctricas. Se ha volcado el mundo y me he caído. Charco o Tümpel, mirlo o Amsel. Doblez, dos caminos  para llegar al mismo sitio. Es tan alemana la bifurcación, senda de gravilla negra atravesando la chopera del verano. Me falta otra palabra, ¿esqueje? nunca Steckling. Y como ofrenda un poema. Nunca lo leas, todos se parecen, son como hombres, no les mires. Foscos cabellos encanecidos, camisas blancas y zapatillas azules. Fosca cabellera, un sueño blanco. El único que convierte en espuma sus ojos y le dice quien es. Yo no puedo decírselo dentro del sol.

(Huevas de galaxias)













“Hay navegantes espaciales y hay caídas del cielo”
Paul Celan

Vuelve a la madre, a esa nada con las ardientes ramas. Drizas del sol, ciega el humo. Por miedo nunca leí sus poemas.


































A un año perdido en la residencia de estudiantes. Es mejor que me muerda a mi que a otro. Todo es sal. Ofrendas a cambio de luz. La nube, la costilla de la nube enterró.



































Tórtolas y tormentas. Veo ese bulto, ese yo dentro y los huesos del ángel. La culebra no me dio asco. Con las pelucas de mi madre algas de luz.




































Hay tres puentes iluminados y un puente oscuro. Viví en una ciudad parecida. De noche la luz que brota de los manantiales se encharca. Un director de museo nacido en Cáceres 1926, muerto en Sevilla 2007, cementerio de San Fernando.


































A pie de monte. El puño es el manantial. Vente animal, ven hacia la nieve azul que se derrite en mi frente.


































Constelaciones, un ciprés del Roselló apunta a La Vega, el aire se lleva el pelo del niño. No se nos oye ni se nos ve. Intento de poema, Narbona 9 de octubre de 2013. Una palabra tapa otra.




































“Quería escribir unter den Linden
José Ángel valente

Decía, todo es cuesta, y la tierra una mujer ciega. Decía, esquejes, tierra entrada en años.


































Palabras de alambre alrededor del álamo. Trozo de Bauernbrot hic est corpus meum en el Quelle, Source, Forrás und Pramen  o Spring, manantial del que sacar trapos negros o coger con la mano las venas del río. Manantial rodeado de cola de caballo y avena loca, si las arrancas cae Sirio. Bomba de achique junto al Pramen. Quién se ejercita ahora con la fuerza de mi ilusión como un cazador de ángeles.































Nada nuevo allí. Ventana menos sucia que los ojos, el olor de la hierba, el cielo blanco. El aire me limpia, lo respiro como un niño a su madre. El gran y único rodeo de una vida en ninguna. Estrías de realidad, y lo estriado de realidad, y esta cada vez más estriada y cóncava. Con pies de plata id por estrías de realidad. Mi ventana es ya cualquier ventana hacia lo fértil o lo seco, y yo cualquier hombre dentro de una ciudad de cristal.

(Navalmoral 13 de abril de 2016)






























La noche es un río allí arriba, a mis pies la corriente de este otro río  impide que lo oiga. Un río allí arriba que me llama de otra manera.




































Ay ficatum¡ El cerastium nieve de verano quita la sed. De la pena salen higos negros garrapiñados del amor de nadie. Mi paloma tiene pelo. Soy hierba, de tu miedo arranca la luz seca. Amen hijo, que así sea.



































Camino de cabras, lo dice el poema que se despeña. Sol de acero, el poema es un montoncito de cal que te comes, pobreza para quienes lo leen y lo sueñan. Al descender tras las cabras podría decir mas, bajar palabras al mundo y tirarlas por la ladera a los ríos.


































De nada hojarasca, se oye el mar, marecito de uno mismo. Que tiempo tan bueno, que locura, así entra el hierro del invierno en el pan, el chopo llega de un vivero lejano. Lapo negro del manantial a mis pies, llegan amigos, son palomas, son trazos de amigos, ligeramente azules para abandonarnos antes. Soy el socorrista, ella una paloma en la corriente.

































Gencianas violetas en la nieve. Lo frío está caliente como una raíz de amor. La ceniza del sol de otro mundo cubre las flores del hielo. En medio del silencio una cebolla de instantes. Cortas la hija y el hijo de ser y de no ser. En algún lugar del mundo se oye la fuente celeste. Rama de hielo, hojas y hojuelas negras entablillada por el aire, retoñar del musgo en la dorsal, lo único a lo que adherirse, como nieve pegada a la rama. Lo negro deja su sal, yemas oscuras, soles futuros. Los lugares hermosos son feos, Milfontes, Odemira, Ágreda, Torralba. Un poema es la notte più chiusa. El jardín, el campo de heno segado y el camino de chopos de Almazul. A falta de un ángel de cobre tormenta en el iris, el ojo cosido con el sol. Caza al vuelo. Mis niñas, mis ojos. Pude volverme mas oscuro, desnudo como el juez, el girar del rabillo de las hojas  hacia soles que se ven abajo. Una palabra todavía pura es petricor.


























El miedo escucha/quiere que le hable/que encienda luces y cante para él/se enfada con la sal del sol/el amanecer se rompe/tengo que trabajar con los trozos del río/con mis palabras menos limpias/el ojo que madura de hiedra/el pájaro en el árbol quemado/en el aliso enfermo/en la rama vieja canta y aviva los soles/yo en la habitación húmeda/en la grada vacía/en el túnel/en el camino de Cervera solo para desentrañarme.































El sol baja a sus hijos, unos allí, otros en Modamio desvían el río hacia mi, se mueren y hay que subirlos otra vez a la noche. Demasiados nombres para esta boca que miente como un espejo redondo, en el que se reflejan perros de caza azules, lavados por la lluvia que los limpia con mi miedo, perros que en la niebla negra buscan a dios y dios no huele. La espuma del mar niñez vieja, cada niño sabe lo que se ve en el mar, un castillo de paja ardiendo, un peral que te hace soñar y deja ojeras de tren y te da peras negras. Una ola arroja todas las palabras del mundo a la orilla, las coloco otra vez en el cielo, unas allí, otras a mas distancia,  y los hijos del sol bajan. Otra ola vuelve a arrojarlas años más tarde y el hombre pierde el pie en el mundo.



























Una larga calle de tierra llega hasta el mar. Calle del mar. Los libros de fuego hablan de las ciudades del mar. No arden. El lamento del mar hace abrir las puertas azules. Mi madre me llama. Veo a un hombre en el invierno y a una mujer en el verano. Una cabañita hizo noviembre y la pisé. Esta oscuridad es luminosa. Siempre el cabello rizado y sobre el piano del muerto piedras. La verdad no existe, la belleza tampoco. Fuerza del mar, Carmen de cristal que se rompe. Boxeadores que se reencuentran, tartamudos.































El mundo es pequeño, la tormenta cierra los ojos, pozo donde hay un árbol negro, en la ventana una mujer, el dueño de la casa está muerto, o moribundo, ciérrate ventana, ábrete ojo.



































Frío y luz, hay un pan no tocado, touche, ese pan lleva muchos años ahí. Hablas con las mujeres que duermen mal, todas conocen una carretera que va hacia el mar. ¿Quiénes sois los que estáis? Ato el viento al chopillo, se necesita un hombre que hable con el pie en el cepo de oro. ¿Quiénes sois los que llamáis al portón de cristal del bosque sin un lenguaje moral? Los nervios boscosos del pulmón, los pájaros del pulmón, las palabras que son sopladas por más que la savia caiga de los oídos.






























Lo que decimos a la desesperación en la desesperación es Verzweiflung, le decimos tu eres, y nos comemos esa palabra. Oigo las campanas.


































Los cantos vienen de arriba, chicharrera de grillos, ¿y tu? J`aime la natatión, lo traduzco por el agua camino. El poema son yerbajos y nubes. Barrunta tormenta, herpes de alegría.



































Y él lleno de él en un puente de papel, escritor de informes en la ciudad obesa, hombres obesos, música para monos. Aquí emanación de palabras, betas de agua azul. Arde un orfanato mientras nieva. Estoy a oscuras. Aquí alguien que no haya meado sus manos para calentárselas, y él dijo ni por ensoñación conoceremos a uno de los treinta y seis tzadikim ocultos que sustentan el mundo.
































Lirios negros, al gran hombre enfermo le roen la mano. De estos animales que lloran sin ira está lleno el mundo. En la habitación amarilla duermen antes de arder. Si sol ¿Dónde? Es una mujer de aire. Pureza del álamo negro, sangraban otras ramas e hice un guante. Un limón en la boca es el sol de los locos. En la oscuridad os escucho. Sisean en el cementerio de ángeles hasta el final de todos los muros, en las afueras con sus demonios.
































Está en los huesos como una flor que sale de la madera. Cuando resucita un muerto, tiene sed, deseo de sed. Hace años, ahora es el mar del tiempo, el mar que se ve desde las grietas.



































Hice un guante de lana y maté algunas perdices. Inviernos tan largos me hacen fuerte, maté perdices negras. Habladme como lo estáis haciendo ahora. Esto es el mundo.  En la habitación amarilla duermen y respiran por las uñas. ¿Dónde está el sol? Sus ojos ven la muerte y se ríen. Estas ramas mientras llovía sangraban. Odiáis el boxeo, eso decía una postal alemana, y vendrás a pescar conmigo en sábado?
































Me lava el pelo entre cisnes negros. Ciudad blanca, la luna azul, arden los rastrojos del mar. Intento de poema, Algeciras 19 de septiembre del 2008. Su luz es la nuestra, no tiene puertas, en el sótano no hay nada, de los dos pisos el más oscuro es el de arriba. Olor a uvas pisadas, mujeres de espalda, nausea. Yo me parecía al agua, no tenía sed de mi y hablaba en la oscuridad.

































¿Qué tierra es esa sin nombre? Te ensueñas cuando caminas por arenales negros. La mentira es verdad, ¿no la oyes?




































Pisos enteros dedicados a una boca con culebras. El viejo cautivo de Argel me dijo, sabemos porque te llamas así. En las sienes se rompe el hielo, lo metemos en bolsas de plástico negro y lo tiramos al río. No me deja morir el río. Cuando comenzó a llover cerré el árbol.


































Red de lagunas, tierra ciega, piso la luz, tuve una gran enfermedad. El tren mata ciervos, se tira desde el cielo un hombre. Un ángel al oído le dice, la luz es negra. En el manicomio de Charenton los gritos se convierten en flores, apedrean los trenes que vienen del mar. Puertas de cristal negro. El él o el tu de un puente, el que mira el agua soy yo. Él muerto de arriba abajo, tu de abajo a arriba. Las hojas caen del cielo. Busco el ojo caído. Atraigo moscas. Por la noche estallan las piedras. Hacer un lazo, una pregunta, un avión de papel, deshacer el lazo, deshacer la pregunta. Intento de poema, 13 de enero de 2008, ciudad de Montepellier. Tienda de lámparas. Todas encendidas menos la verdadera. T. S. son las iniciales del nombre de un hombre, y A. G. y C. Q. y J. A. V. y E. S. algo se llama también T. G. un árbol genealógico seco, una luz que me recuerda al fin del mundo. Eso es lo que quería decir, lo que va de una claridad a otra. Arranco lapas.























De la inmanencia solo quedan residuos, arte involuntario. La nieve deshecha es agua helada. El viajante ya no viaja, abre la mano. Puerta que da al viejo campo, desde ella se ve al hombre que arroja la sal.


































En el apartamento los restos de una fiesta, duerme bocabajo. Estaba herido del asma del mar.  Miro la sierra donde nace el Cuerpo de hombre. Esta noche frío y esperanza, uno hecho de la otra, pensamientos para una cesta de nieve, o esto que está envuelto de amor. El mar con su grito azul me ha abierto un surco. Soy una acacia seca en una marisma de ceniza. Quisiera entender esos cantos roncos que se estrellan en la cal. Claroscuro, intento de poema en la ciudad de Águeda, 8 de mayo y se le ordena dieta blanda, almendras y chupar las raíces. Un paseo de acacias lleva a Osma. El regalo crece, espero estar vivo siempre. Lo riego, le hablo. Dentro de la casa miro montañas, nubes, y comienza a brotar el nombre, se detienen las vísceras y el amor queda libre en el espacio.



























El sol es ciego, duro paisaje, jardines de yeso. Viaje largo el de la muerte, le entrega todos los días al alemán una bolsa con las sobras del restaurante. Es frío el mediodía. Intento dormirme sin apagar la luz. Quema la nieve la sombra. Rompe lo que arregla. Ver la sima y al fondo una lámpara que se mueve. Un hueco lleno de luz abierto al fiel y lento octubre. Todo le sirve al pescador lanzado al cielo, el pantano del lenguaje.
































Crocus negros le arranco al cielo. Palabras japonesas ardían. Circunvalaciones donde hay quema de podas. Esto debe ser borrado, o que la palabra se disuelva en la luz. Polvo que no encontrará lugar, y aún crece mas la rama para no ser, no busca, no tienta, la rigidez le viene de la muerte blanca.

































Un nudo de aire es esta palabra, el miedo brilla en la boca. Hay una nada llena de hierba, tallos cuyo verde es sangre. Del negro sale el sol y vuelve al negro. Un espino seco, por la sombra de sus ramas sentí que viviera aún.


































Ni un canto para desvelar o velar. Espejos de nieve negra. El que tiembla escribió estos nombres. Una linterna para dar un paseo por la muerte. El Dios nuclear, la implosión, el ojo cosido con el sol dentro.


































Esquirlas, lajas, desgarra una tela blanca en el silencio estéril. Schnee, palabra caliente. El negro deja su sal. Soy una rama que entablilla el aire.



































En papel negro nada se puede escribir. Bajo la nieve las palabras de mi madre. El sol gira un poquito para darle al mundo más miedo. Me lo dijo bajo la ola del cielo.