13/6/17

JARAÍZ, en construcción










El poema
se escribe al sol,
se escribe solo
y te lleva
por la niebla.
Tu buscas
dentro de él
a ella, y así curar
sin abrir la vida.
Flor que
sale de la arena.
Me la como
para enfermar.
No sé como
se llama.
Nunca la vi.
Huele a soles
y es sólo
un poco de tiempo
en la boca.
Un río limpio
entra en uno sucio.
Incluso estoy solo
cuando canto
y el pájaro
no me ve.


(Cólquico)








La primera torcaz
y la última
curvan,
giran.
Ascensión de la vida,
círculo de la muerte
y zigzag
del todo.
Sólo, si ha de ser,
sería
la última
o la primera.
El mar no siente.
No hay flores
más que en las grietas.
Las entiendo,
no hay porque
abrirse.
Rota cuando
se rompa
¿ ?
en dos
como un sueño de verano
en un crack
de silencio.


()









El mar
con su grito azul
me ha abierto
un surco.
Un pasillo
de raíces
de mis propias
fibras
llenas de lugares.


()











“No juegues con las profundidades de otro”
Ludwig Wittgenstein


“Un largo puente/si lo cruzo/estaré en mi aldea natal.”
Nishiguchi Sachiko


Llanura para la expiación, la niebla rodea la casa, el barro al chopo, montículos de arena de los que sale mala hierba, charca quieta. Al solar antiguo le faltan los cipreses azules [poema vacío, vives más en el que en ti] la luz envuelve las cosas, hace que ardan por separado. Nos odia el sol. Nubes que lamen el fondo -su propio barro- con forma de perro, un gran pájaro azul se cae a trozos, Schrott. El buen poema rezuma y miente como este campo húmedo. De un hueso a veces sale una flor negra [putrefacción de los álamos] un reguero de agua une soles negros  y se lleva el mal. Ornitosis y psitacosis. Tu miedo es como el mío, hay un mimulus en tu frente. Si nieva sólo veo ceniza, pérola, ostra, gegen Licht, el poema se tensa hasta romperse, Sheishi contra Bascho. En la rama cortada se abren yemas azules, tief unten läst das Mühlrad, herz un Hirn erschauern. En los cardos estrujo el sol, manas así de mi, la vida me ha dado un poema agrio y yo le doy este. Lo vi en la cebolla de la que sale el álamo del miedo. Un pájaro golpeándose en las paredes negras de una casa en el aire; abierta como una flor muy grande se cerró a las otras que chillaban con alas azules. Si los montes se mueven, también el sol, un poco, lo suficiente para no morirse hoy. Ya sabes entrar en la luz negra por el ojo del ángel amarillo y salir de él por el pequeño pueblo que se defiende con sus ojos blancos. Hay que subir hasta el sol por una escalera de barro y luego bajar por el camino al río. Entre las raíces de calvinas flores como la silene tormentosa o las anomías con su azul perfecto. Ahora soy como un ciego que se quita espinas, y se las quita a los otros, la fila llega hasta el Saint-Victoire. Me he quemado la mano en el sol frío del agua, en el sol que brilla en el cubo de agua.


Se está apagando el mundo.


(Chatarra)














“Lo que el saber no sabe es lo que ocurre. Eso ocurre.
[arrive]”
“Un ver à soie”

Jacques Derrida


Se trataba de cambiar
en pañoleta un poema.
Retoño de brezo
en rama de acebuche.
Cólquico que sale de la frente.
Luz pura
con la que me purgo
junto a la acacia seca
que abraza el polvo.
La muerte me pone
otro nombre
sólo por anillar aves
al prolijo
amor a la beldad,
hasta que por su boca
entra el mundo
y el sol sin miedo.
De lo roto sale agua.
En unos días
habrá aquí
mucha hierba
y una alegría
que no sé
de donde sale.
Nom redire,
non lugere
neque destestari
le digo
a un ángel sin boca
entre negros
amarillos.
En los moluscos
es como se hiere
a sí mismo
lo duro
en lo blando.


(Pañoleta)


















El poema es inflexible,
intenta envolver
el mundo,
las ramas echan pelo.
Es mi páramo
[que pocas palabras da,
yo de él
sería yo]
al poema le da igual,
no sabe llorar.
-yo por ti,
el ti es bula.
Aún quieres entrar
en él-
Mirando el mar
te ensucias.
El poema te salva
de ti.
Le escupo al chopo,
él te conoce.
Así le quito dolor
al mundo.
La boca se abre al cielo
como un círculo negro.
Me como la llama azul.
Es beber y hay
más aura,
menos yo.

Te bendigo.


(Bendición)












Pincha la hierba,
da igual que sueñes.
La vida me dio
un poema agrio
y yo le di este.
Del verano
queda un hueso azul.
No sabría
como trabar
las ramas secas
en el nido,
el mismo poema agraz
que gira.
Como sudario un albornoz.
Él dijo
que como la almeja
en dos valvas,
se partía de ti
el otoño.


(Desnudo)













A Paloma Corrales


Celeste
acupuntura,
pinchazo
de estrellas.
Descuenta
los soles
y se descarta
del mundo.
De las manos
de este amigo muerto
bebo el cielo
para no oír
a la Vega
en la lira.
Poema pobre,
y lo será más,
un curso seco.
Recuento los chopos
en voz alta.
Al escribirlo
para dárselo
veo de nuevo
un álamo podrido
en el río seco.


(Acupuntura celeste)




















Salí a ver liebres,
ellas
tan últimas
corren para salvarse
de mi.
El que se va
por lo anegado
[tal vez]
lo agradezca.
Una luz me llama,
le hablo
y me habla,
nos decimos lo mismo.
Un poco de sal en el azúcar
sólo lo ve
quién perdona.
No digo saborear,
sino ver en el azul
arena negra,
cielo azul
mar amarillo
[intercala los colores]
cielo negro,
mar azul,
arena amarilla.
Nunca podrá ser azul la arena,
no entierra,
sólo cubre ramas azules,
conchas negras.


(Colores)













La escritura
y el arte
se necesitan.
Mal alimentados
se comen
la una a la otra.
El pájaro se purga
con cola de caballo.
¿Cómo puedo
hacer eso en mi
sin que me mate
el sol de la noche?
Trenza
la línea de lúpulo
al tallo
de un cáñamo
ondeante.
Espiral de aire
en el tubo
del amor,
como un poema
de Eugenia Amsel
a la vida.


Puedo azularte
si muero.


El secreto es el negro
que se raspa
para ver.


(Negro)











La luz de la muerte
pestañea
para llamar
a la vida.
Flores en el final de sí
para que haya más
allí y aquí.
El crespón negro
se lo come la cabra.
Mira el sol
y mastica
el mar amarillo.
Te quema
la lluvia.
No puedo mandar
ni mirar el mar.
Estás ahí,
en algún lugar
de la luz.
Es lo negro
que raspo para ver
los blancos.
(Tras ellos siempre
el siempre)
Lirio borracho
de lluvia,
como yo
de vida
y de lluvia.
Puedo azularlo
con la respiración.


(Estás ahí)










La leche
se corta bajo
la estrella negra,
es lo quemado por el sol.
Sal de ti,
todo se va,
hay piedras y luces.
Si piensas en ella,
sólo en ella
tendrás una vara.
[me lo contó,
y luego cortó
las palabras
con las que me
lo contó]
Antes de entrar
en el mar
esto,
ningún hombre
siente lo mismo,
todos sienten lo mismo,
todos vuelven.
Ropa negra y
zapatos en las piedras.
Pero no sé
para que quedará.


(Ropa tirada)




















El secreto es negro,
se ve en la luz
cuando en la luz
sólo se ve
la luz.
Lleno de líquidos
azules el mal.
Bendeciré
estas palabras
hasta que
sean la luz
de sí mismas,
en la ferida
abierta
del otro.
Qué vacío
queda todo
después
de un poema.
Cebollas
para el llanto,
escozor de ortigas.
Aguas estancadas
donde rezar
a la nada.
Boca seca.
Alamedas azules.
Aparécete en la niebla
vieja santa y cómeme.
Descuenta los soles.
Planté dos chopos
a un lado
y a otro del río.
Velas encendidas
para siempre.


(Rezo)









Ese negro o casi negro
deja un ojo abierto en el cuadro
por el que ve el ángel.
-Ahora os veis como sois-
Tu, en esa luz negra
una llama azul, como
de algodón bañado en alcohol
ardiendo en una nieve lejana.
El ojo es un hombre
que está desnudo,
detrás un mar verde.
No podrías descolgar eso.
Está así pintado
para que pese como el mundo,
y no puedas con ello.
Algo se hincha de ser
un poco más de lo que se puede.
Cuando se consuma
el alcohol del algodón
y muera la llama azul.


(Un cuadro de Ursula Ulmer)
















“Fuerza de autoborradura”
“Saber mantener en reserva lo que sería demasiado visible,
y callarlo, otra manera de velar, de velar su voz”

Jacques Derrida



Escarbar en la tierra
para ver el cielo.
Profunda lacra.
De profundis.
Lacra de mi en ti.
Un roedor de cielos
que no sabe a donde.
Se espinga en la nieve,
se la sacude, como el esqueleto
de una corneja
relleno de amenes.
El mal nos dio un poeta.
Flor de albizia
en la tumba.
Dormirse al lado y esperar.
Binado de palabras
está el mundo.
Interferido y binado.
Se equivoca de muerto el sol.
Se quema el ojo en el agua.
Los frutos se hinchan
de luz negra.
Las matas de eulalias
absorben la ira.

Este tiempo curvo y abisal
se gira hacia ti.
El sol no tiene culpa
por el árbol cargado
de miedo.
Los frutos aún,
aún siempre
en el aún
de la verde acidez.


El ángel
debe comérselos
en el siempre.


Absorción del mal
en tus palabras.
Lo ácido del poema es eso.
Le pueden decir
soy la luz, el muerto.
Así no entra tanto vicio.
El sol no cura.
Al poema le da igual la mierda,
no sabe llorar
[es lo que nos defiende
desde ti.
Sólo desde ti
de ti]


(A ti)




2 comentarios:

  1. Un rastreo fascinante el de este nuevo libro, en el ámbito de los pozos y lo oscuro, como si la luz sólo fuera posible a ciegas, desde lo sensorial y lo dividido. Gracias por esa “acupuntura celeste”, me chifla. Abrazos.

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