9/4/17

JARAIZ, libro en construcción II






                                  [dibujo de Daniel Díaz Trigo en homenaje a Luminarias II, -libro de las botellas- 2010-2015-]




El sol no cura,
sólo te habla
de inundar
alamedas azules.
Boca seca.
Entra y saluda
desde tu él.
Te muerde un ángel
que tiene hambre.
Parece alma,
sólo lo parece,
en la hierba
más hierba,
menos la roza, o la roncha
de tierra cuarteada,
o lo que sea.
Al poema
le da igual la mierda,
no sabe llorar.
[es lo que nos defiende
desde ti,
sólo desde ti
de ti]

Lo peor está por venir,
el amsel
canta en la cuerda
a cuchilla.

(Luto)   

-Cuando cuento las semillas sembradas allá abajo…-
Emily Dickinson

8/4/17

JARAIZ, libro en construcción



[Como mis palabras
son maldecidas
bendecidas serán
por la misma
que entre la hierba
ve el agua de los manantiales
yendo hacia
el porvenir
que sale
de los sueños]

Jaraíz 8 de octubre de 2016


























“Lo que el saber no sabe es lo que ocurre. Eso ocurre.
[arrive]”
“Un ver à soie”
Jacques Derrida

Ahora vuelve a la palabra,
entra en ella
a decirla.
Se en ella
el aljerife con hilos del talit.
Se trataba
de cambiar
en pañoleta un poema.
El falso techo del poema
del que sale hierba.
Es la rodadura de dios,
en la arena quedó
la marca
de las ramas
como un molde
para otras ramas.
La almadraba está tejida
de algas.
El atún desova
en la vía láctea.
No sé quien es,
nunca lo supe,
debe ser bueno
no saberlo.
Me fio de lo que hace
el trigo,
crecer en la cabeza,
chupar la luz.
Me ve desde la leche.
Beberla
da miedo.
me va a tragar
el Arbusto
que nadie poda
o guía
hacia el cielo,
echa ramas absurdas
en la luna negra.
Flor de albizia
en la tumba,
dormirse cerca
y esperar.
Binado está de
palabras el mundo,
interferido
y mediado.

(Kadisch)

























Viendo quemarse
esta poda de olivo
sobre la nieve,
sin prisa
como un árbol
de esta tierra,
y mis músculos
como otras ramas
mas secas.

Siguiendo esta línea
que me sigue
escribo
hasta que se unen
cielo y tierra.

Montañas
no os debo ningún poema.
Me habéis hecho ligero
y me he abierto
como una sima
para rezumar la vida.

(Abertura)














He abierto un pez.
Se le sale la luz,
la misma luz
que al álamo abierto
en la respiración
branquial
del ángel.
Me lo he comido.

Pero es como escarbar
en la tierra
para ver el cielo.

(Pesca en Valterra)


































“No juegues con las profundidades de otro”
Ludwig Wittgenstein


Nubes que lamen el fondo, su propio barro, con forma de perro, un gran pájaro azul se cae a trozos, Schrott. El buen poema rezuma lo que dice, miente pero rezuma como este campo húmedo. La acacia que chupa su sombra te ensimisma, el ciprés al hincharse con la sangre negra del cuervo, como si la nieve pudiera dejar sus huesos negros por la hierba.

(Chatarra)



























Las manos hacen acantilados, como hay poco que decir que lo diga y lo viva. Troncho palabras, mis lapas negras, ay ellas agarradas a la oscuridad. Un reguero de agua que une soles negros se lleva el mal. De un hueso a veces sale una flor negra, putrefacción de los álamos. El mar con su grito azul me ha abierto un surco. Voz quebradiza como un pasillo de raíces de mis propias fibras llenas de lugares. Aquel chopo de allí sisea en la noche, querrías ser aquellas luces y ellas tu, nos odia el sol, en los ojos duele el cardo. Me he perdido buscando una llave de hueso, con el plumón de la casi palabra, bolsa de plástico llena de hierba. Mi perdón pesa por no llevar nada. Si fuera de tela por estar mojada, pero de escaparse el gas, como alguna vez pudo  haber caído un copo negro al mundo, corta el álamo y se lo lleve el Uso hacia el Pusa, y este lo deje en el Gévalo. Ya solo tienes tres dedos, tres álamos.

(Toma de agua)

























Ese negro o casi negro
deja un ojo abierto en el cuadro
por el que ve el ángel.
-Ahora os veis como sois-
Tu, en esa luz negra
una llama azul, como
de algodón bañado en alcohol
ardiendo en una nieve lejana.
El ojo es un hombre
que está desnudo,
detrás un mar verde.
No podrías descolgar eso.
Está así pintado
para que pese como el mundo,
y no puedas con ello.
Algo se hincha de ser
un poco más de lo que se puede.
Cuando se consuma
el alcohol del algodón
y muera la llama azul.

(Un cuadro de Ursula Ulmer)
















Ornitosis y psitacosis, lavar la vida, al muerto que aún vive como polen arrastrado. Parecen los últimos días del mundo. Ese nadie con un tu como bastón. Pocos hay que digan tantas veces yo. Tu miedo es como el mío. Hay un mimulus  en tu frente. No huele, y el miedo con sus palabras, no las conocemos todas, quizás solo estas que han venido y no saben para que van a ser dichas.

(Mimulus)































Si nieva solo veo ceniza. Pérola, ostra, Gegen Licht. Tensa el poema hasta que se rompa. Sheishi contra Basho. Al árbol le duele que dobles sus ramas e injertes tus sueños. Dulce es comerse uno así mismo. Las yemas de tu yo se abren en la rama cortada y na ferida abierta del otro súbeme le decimos, y nos alza en una red de arrastre llena de piedras y estrellas, tief unten läst das Mühlrad, herz und Hirn erschauern.

(Injertos)































“Fuerza de autoborradura”
“Saber mantener en reserva lo que sería demasiado visible,
y callarlo, otra manera de velar, de velar su voz”
Jacques Derrida

No escribas
circunscribe
con palabras el agujero
circuncida cuando escribas
al árbol
y lava las manos
con sabia

algas negras,
y yo
para quemarlas
se las dejo al sol

-se secan de mi-

Secas ya sabes
como ayudar a procurar
un poco de amor más.

Profunda lacra
De profundis
Lacra
de mi en ti
y como un roedor de cielos
que no sabe a donde

se espinga en la nieve
se la sacude
hace estelas de silencio
en la leche

de donde salió la luz
y porque hay luz na laranja?
También habrá
una flor
que rompa la nieve.
Se irá con ella
entre un instante
y otro.

Luz en los railes,
brillan
calientes y fríos
o un riel frío
y el otro caliente.

(Plasencia)

























Tierra, te escucho, hablo de más y voy a los cementerios donde la luz del día es más fuerte y nadie habla. Ruido de hierba, de ramas quemadas en la niebla. Entré en una casa, había un pájaro golpeándose en las paredes negras. Estaba abierta como una flor muy grande. Cerré las otras flores llenas de miedo que chillaban  con alas azules. Era el pájaro que subía al aire por otra ventana. Hacia una casa en los aires donde un ángel frío entra en ti, como de un prado seco manan aguas negras y palomas. Pincha la hierba, da igual que sueñes. No escuches su voz dentro, todo menos la avispa crece, lo he visto en la cebolla de la que sale el álamo del miedo, se enerva y no sabes que dice. Así es la vida pero más lenta, te saca la lengua, eleva sus brazos, y hace sus crestas de gallo azul.

(Droga dura)

























Del otoño queda un hueso. Esta es la víscera, tres trocitos. Una vez que la sajo la mato. Hölder o sauquillo. Cebollas para el llanto. Mano así de mi. En una mano estas ramas señalan todos los lugares. Quebradas, verdes todavía representan lo trágico. Secas serán la verdad de sí. Escozor de ortigas. Zarzas que peino al dar gracias a Dios por despeinarme para peinar cardos negros al estrujar el sol. Tras el paseo corto por una alameda desnuda no sé volver a casa, y de este traje limpio como el cielo palabras limpias para que vuelva a casa. Se ensució de mí la hierba, el barro, el aire. Allí está la casa fea y soleada. La vida me ha dado  un poema agrio y yo le di este.

(Despeinado)




                                     























Un hombre
habla
contra la pared
en aquella casa vacía.
Esta noche tendrá
frío y esperanza,
igual que
se trenzara
una cesta
de pensamientos
llena de nieve.

(…)



























Luz pura
con la que me purgo
en esta tarde
junto a la
acacia seca
que abraza el polvo.

Aquel relámpago
deja ver
ahora
el ojo ciego
del cielo.

No oiréis
dentro de mi
mas que oleaje.
Entierro luz
que no puede ser llevada
al otro lado,
ni mentirla.
Se hace más grande.

(…)















Allí
mi chaqueta negra
y mi camisa sucia
ondean
como banderas
de dos países.

(San Miguel de Acha)






























A la esperanza
de cruzar
el mar
por este
camino de tierra
que se pierde
tal vez en mi.

En los surcos
inundados
de ese campo
en la noche
me he visto nadando
de espaldas.
Cerca del cielo
sin tocarlo.

Haciendo el muerto
en el agua
he sentido la inmensa placidez
de la vida.

(…)
















Arrancas
sólo hierba
cuando arrancas
la luz
de la hierba,

y de la sombra
sus raíces de luz.

De los pelos de tu miedo
luz negra.

Da miedo tanta luz,
el sonido de la luz
dentro de la piedra.

(Codicia)






















Dentro del carbunco
está el angyal azul,
y la infección
se llena de palabras bonitas
alrededor del
alto chopo
en el que se resguardan
pájaros negros,
lo llaman el capitoste.
Una corriente de aire
sube del agua.
Pulgas que al fin trae la nieve.
Te pica
lo que a ellos hace reír.
No sé como anudar esto,
ni que pájaro
va a caer a la corriente por mi culpa.
Escupo al chopo
por el que sube
el amor y la muerte,
al chupar en la paja
la luz de una enferma.
Glaucoma de Boavista
al quemarse el angyal
de Jaraíz en la noche.

En el cielo
relámpagos azules
de mirar
en los ojos de los perros
el mar.

(A mi padre)





Quiero ir
a ese lugar
y ver amanecer.
Quemar los ojos
en la nieve.
El invierno
se ha ido,
si vuelve
es para no olvidarnos
y preguntar
por última vez
los nombres, o el miedo
que da la luz
a la muerte.
Esa es la alegría
del niño en la nieve.
Cuaja al fin, y
la luz entra en el mundo.

(Día de san Antón)


















Mirilla para leer el poema. Es un ojo que ve por otro ojo. El ojo por ojo del puto poema al decir “llanura para la expiación, el regocijo y la alegría al subir por mi mismo para ver como has crecido por no dormir. Hay un tu bastardo en mi, melancolía de hierba a la que entierro en arena y tierra. -Ya saldrá- La niebla ha rodeado la casa, el barro al chopo. Montículos de arena de los que sale mala hierba. Estela de la muerte en la charca quieta. Orcaperros llaman al lugar. Como en un cuadro de Hans Broder no hace falta que oses si sabes donde estás. Ay¡¡  poema, para gustar a los otros poemilla. Los lugares que une o separa a esta raya el porque. Al solar antiguo le faltan los chopos azules. A este lado de la línea recta el vientre oscuro de una mujer operada. Poema vacío. Vives más en él que en ti, a cuyas flores ayuda la mierda. La retama es así de fosca y transparente. Sobre la palabra en una sombra de almendro negro puede haber otra. La luz envuelve cada cosa, y las hace arder por separado.

(Orcaperros)























Pájaro en el pozo.
¿Muerto?
El silencio
lo guarda todo.
A ti
en una oscuridad blanca.
Teniendo la ensoñación
da pereza soñar.
No cuesta trabajo dormirse,
y ya que se ha dormido…

No me gusta
subir tan arriba,
cansarme de que
de algo tan ordenado
pueda salir
un grito.
Oírme sólo a mi.
Me habla otro
que habla sólo.
Cualquier oración
allí,
sólo sirve
para agrandar
más el mundo.

(Excursión)











Absorción del mal
en tus palabras.
Lo ácido del poema es eso,
que no hay
donde se queme
más allá del otro.
Rachas de aire,
sobre la hierba
brochazos de sol
si se vieran.
Las matas de eulalias
es posible que se acostumbren
a ser lo que son aquí,
absorben la ira,
durante el mal tiempo
que troncha y sacude los árboles,
tira los muros.
A ellas les va bien,
y eso es bueno,
lo mas bueno que hay en el mundo.
no oye, ni ve,
pasa como al final de cada sueño
un niño tirando
de las algas negras de tu miedo.
Es lo mejor que hay en el mundo.
Son muy buenos el niño
y el mal tiempo.
De esa manera no entra tanto vicio.

Se equivoca de muerto el sol,
y como no hablan
ninguno de los dos,
ni yo con ellos,
a nadie
le pueden decir
soy la luz,
soy el muerto.
la foto de un ángel
entre las aliagas,
(a ver como se hace el ojo
con esta luz sofocante
para que en esta claridad no os vea)
No puedo hablar por ellos.
Una luz que se va
perdiendo en otra luz.
Un quejido que sale
de otro quejido

(Eulalias)




























Este poema
es el que menos te gusta.
No sé que quise decir,
la titubeante rama
que sacude el agua
es movida por el agua.
Lo vas a leer siempre
hasta que te seques,
como la rama
que vibra en el agua,
dándole al sol golpecitos
hasta que en ella se pose
el mirlo de Agueduela
para ver lo que hay en el fondo.

(Coruja o cierva)






















Este campo encharcado,
avieso de tantas
aliagas,
es mío

En el centro
un camino abierto
por mis antepasados.

Mutuamente
nos hemos abandonado
a la efusión de soles
y a el cirium,
desde el lila
que quema su ojo
en el agua, al sol naranja
del verano que chupa el miedo.
Lo agradece la hierba macha.
Los frutos se hinchan
de luz negra.
Desde el, los animales
saben ir hacia el río,
y allí se queman.

(Jaraíz)












Este tiempo curvo
y abisal
se gira hacia ti.
El sol no tiene culpa,
el hombre tampoco.
Nadie puede arrobarse
ese árbol cargado
de miedo.
Los frutos aún,
aún siempre
en el aún
de la verde acidez.
El ángel
debe comérselos
en el siempre.

(Cerezos)






















El poema
es una cortina.
La he corrido
para verme.
Siempre hay
alguien detrás.
Una cortina azul,
montañas
también azules.

(Cortinas)


























La sombra
desnuda
de estas ramas
son las venas azules
del cielo.

Soy como ese campo
pelado.
Por las escorrentías
de lluvia
que bajan al río
me he ido.

(Villa Eufrasia)
























Nido,
yo no sabría
como trabar las ramas,
elegir la horquilla,
la altura en el árbol negro.
Le doy vueltas a lo ofuscado,
al nido, al poema, y cuando crece
más hierba la corta.
Es cauto con las palabras,
no deja que se sequen,
y entre ellas
flores como
la silene tormentosa
o las anomías
con su azul perfecto,
mientras la mano
arranca matas de hiel,
de felicidad,
y luego arropa con tierra
una rama de álamo,
entierra un poco de luz.

(Finales de febrero)















Niebla de leche,
himen de nata
para el sol de noviembre.
El ojo cerrado
se quema arando nieve
con una reja de hielo.
Bruma que sale de la tierra.
Nogal del aserradero,
Me llevé de él nueces,
mis cabecitas duras.
Como un grillo de ruedas
que corta el cielo.
Ahora soy
como un ciego
que se quita las espinas,
y se las quita a otros,
y a los otros,
la fila llega
hasta el Saint-Victoire.
Me he quemado la mano
en el agua,
en el sol frío
del agua,
en el sol que brilla
en el cubo de agua.
Se está apagando el mundo.

(Cezanne)










Sale agua,
no sé de donde sale.

De lo roto.

Es una fuente
de miedo
y de vida
a no ser que el ojo
lo hayan tapado
en el sol.

En unos días
aquí mucha hierba,
una alegría
que no sé
de donde
sale.

(Fuente)



















“Un largo puente/si lo cruzo/estaré en mi aldea natal.”
Nishiguchi Sachiko

Si los montes se mueven
también el sol,
un poco,
lo suficiente para no morirse hoy.
Pero no se mueven
ni muerden,
y el muérdago
enredado en los huesos
sabe a noche oscura.
Así es comido mejor,
da diarrea y sueños de luz
al estar limpio
y un ángel te mire
por tantas semillas
en los zapatos,
en los trapos sucios.
Ya sabes entrar
en una luz negra
por el ojo lleno
de raíces de calvinas
hasta salir por el pequeño pueblo
que aun se defiende
con sus ojos blancos,
y una virgen y un santo.
La Selena y Santo Toribio
como un matrimonio de madera
que llora por los dedos.
Hay que subir hasta el sol
por una escalera de barro
y luego bajar
por el camino al río.

(De regreso al mundo)



Es como el esqueleto
de una corneja,
lo relleno de amenes.
No arde bien,
ya está hecho
para siempre,
ese siempre
me lo he comido hoy.
El lenguaje de él
ya no vale
para decirlo como él.
Escarba para beber
la estrella de la mañana.
Cuando aflore de la tierra
tu rostro
méalo en la tierra
que va a comer sonrisa,
oveja negra con cuya lana
se teje él cuando el mal
nos dio un poeta.
Lo mató él a él, en su adicción blanca
le dio la luz negra
cuyos ojos arden,
y tiene miles de ojos
que arden y nos guían
por laberintos de ramas.
Y se acumula nieve de álamo
junto al mar,
sus manos las muerde
la oscuridad,
o las chupa
hasta que por su boca
entra el mundo
y el sol sin miedo.

(Paul Antschel)



La muerte
me pone
otro nombre
solo por anillar aves
al prolijo
amor a la beldad.

Los moluscos
de mis pensamientos,
así es como
se hiere
a sí mismo
con su dureza
lo blando.

()





















La buscaba en dioxipan,
en vino que sabe a dioxinas.
Tenía dentro
dunas de ceniza.
Poemas estrechos.
Tempus en el tiempo.
Cruza la liebre
el mar de silencio azul.
El aire seco entra en el cuerpo.
Se acerca
a los ojos la muerte.
Agujero lleno de agua,
vida así llena de ella.
Chúpala sol.
Chupa tu otra sabia más dulce
que la del abedul
en tierra negra.
Por uno alemán
aquí dos bidueiros azules.
Retoño de brezo
en rama de acebuche,
cólquico que sale de la frente.
Nom redire,
non lugere
neque destestari.
Negros amarillos digo
a un ángel sin boca.

(Jaraíz, 8 de marzo de 2017)










El poema
se escribe
al sol,
se escribe sólo
y te lleva
por la niebla.
Tu escribes
el poema,
buscas dentro
de él a ella,
y así curar
sin abrir
la vida.

(Jaraíz 9 de marzo de 2017)























Flor que
sale de la arena.
Me la como
para enfermar.
No sé como
se llama.
Nunca la vi.
Huele al soles
y es sólo
un poco de tiempo
en la boca.
Un río limpio
entra en
uno sucio.
Incluso estoy solo
cuando canto
y el pájaro
no me ve.

(Cólquico)


















La primera torcaz
y la ultima
curvan,
giran.
Ascensión de la vida,
círculo de la muerte
y zigzag
del todo.
Sólo, si ha de ser,
sería
la última
o la primera.

(En el lugar de…)

























De las manos
de este amigo muerto
bebo el cielo
para no oír
a la Vega
en la Lira.

Poema pobre
y lo será más,
un curso seco.
Aparécete en la niebla
vieja santa
y cómeme.

(a Ambrosio Gallego)
























Que te enfríes al sol.
Carajo de pájaro
que molesta.
Y la celeste acupuntura,
el pinchazo
de las estrellas
más alejadas
te absorba.
Descuenta
los soles
y se descarta del mundo.
Recuenta los chopos
al unísono
en voz alta.
Musgo que arranco,
de abedul corteza.
Retoño de palabra.
¿Y que hago
con una palabra
que se extingue?
Yo por ti,
el ti es bula.
Aún quieres
entrar
en el.

El poema es
inflexible.

(Jaraíz 31 de marzo 2017)








Te ensucias
mirando el mar.
El poema te salva
de ti.
Le escupo al chopo,
él te conoce.
Así le quito
dolor
al mundo.
La boca se abre
al cielo
como un círculo negro.
Ya no me como
la llama azul.
Es beber y hay
más aura,
menos yo.
Te bendigo.

(Desangelado)



















Nube
¡Calla!
No me digas quien soy.
Agua
¡Habla!
pero no me digas que soy
al lado de estas piedras
ampulosas
de caras afiladas
entre las que hay
cantos rodados
que se dejan acariciar.

(Pedregal)
























Humo más ligero
que la luz.
Mi queja
es por lo roto
dentro de este poema
que intenta
envolver
el mundo.

(Ya no lo sé)





























El yo te di.
(como al árbol
le diste hojas)
El mismo
poema agraz
que gira.
Como sudario
un albornoz.
El dijo que como
la almeja en dos valvas,
se partía de ti
con el otoño.

Después siempre
de tu mar
sal negra.

(Siempre)





















Descuenta
los soles
y se descarta del mundo.
Recuenta los chopos
al unísono
en voz alta.
Musgo que arranco,
de chopo corteza

()





























Arrecía
para que
la belleza brille.

Las ramas
echan pelo.

El gran cristal,
el poema se vive al otro lado
y se escribe a este,
en un gran cristal.

Se escribe a este lado
y al otro lo mismo
a la vez
lo que se vive al otro lado
y se escribe en este.

Y se rompe.

(Plasencia II)